La Misión Compartida, primera sesión de la Formación Online de Misevi

La Misión Compartida, primera sesión de la Formación Online de Misevi

Este sábado 22 de enero tuvimos el primer encuentro de formación online de Misevi con el Padre José Luis Castillo CM. sobre el tema de la Misión compartida.

La oratoria de San Vicente se caracterizaba por su sencillez y en sus conferencias reiteraba esta virtud: “¡viva la sencillez, el pequeño método, que es el más excelente y el que puede producir más honor, convenciendo al espíritu” (SVP XI-3, 186).

Fiel a nuestro fundador, José Luis fue sencillo, cercano y supo mantener un feedback fluido y enriquecedor, convenciendo con sus argumentos.

Tras la oración inicial, nos introdujo en el contenido de la formación comentando que el concepto de Misión Compartida es relativamente nuevo y se debe entender desde el concepto eclesial que surgió tras el Concilio Vaticano II. Laicos y religiosos estamos llamados a descubrir juntos lo específico de ambas vocaciones y poner nuestros dones al servicio de la Misión y la Caridad desde una Iglesia fraterna que sale a las periferias de la sociedad para llevar el Evangelio: “diversos carismas, el mismo Espíritu” (1Cor 12,4).

José Luis nos comentó la necesidad de saber dónde estamos situados a la hora de hablar de Misión Compartida y cuál es la realidad eclesial existente desde cuatro pilares básicos: el pilar de la Liturgia, el de la Caridad, el de la Misión y el de la Comunidad.

Se analizó la importancia de salir a evangelizar desde las parroquias, pero desde un equilibrio de estos cuatro pilares y desde una nueva eclesiología que conozca y atienda la realidad de las necesidades que tiene la sociedad.

Por último, se analizaron los dos requisitos necesarios para hacer efectiva la Misión compartida: la reconciliación individual de la experiencia eclesial que supone una metanoia, una conversión auténtica que dé un giro a nuestra visión y actuación en los cuatro pilares mencionados y una voluntad de caminar juntos hacia afuera, como nos recuerda la exhortación apostólica “Vita consecrata” de Juan Pablo II en la que invita a la vida religiosa a abrir nuevos horizontes y grandes retos: «¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa que recordar y contar, sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas» (n. 110).

Pepe Rincón