Mari Carmen Saz: “Nuestro mayor desafío es estar dispuestos a que la interculturalidad sea una realidad en la Iglesia.”

Mari Carmen Saz: “Nuestro mayor desafío es estar dispuestos a que la interculturalidad sea una realidad en la Iglesia.”

Mari Carmen es una mujer que cree profundamente en que sólo el encuentro y la relación confiada entre las personas nos hará verdaderamente hermanos y hermanas. Madre de tres hijos: Lucía, Pablo y Usha.

Profesora de Educación Infantil en el colegio de las HHCC Nuestra Señora del Carmen y San José de Zaragoza, vecina del Casco Histórico de la misma ciudad y miembro de Misevi Zaragoza. Vive desde el convencimiento como dice su frase de perfil de que «en lo puro no hay futuro, el futuro esta en la mezcla”. Su fe iniciada en su pequeña familia creció en JMV donde tuvo el gran regalo de participar en la misión de Trinidad (Bolivia) el primer gran encuentro con otras culturas.

  • Abordamos contigo el tema de la Interculturalidad . Éste es un término que, aunque lo usamos con relativa frecuencia, quizás no sepamos bien lo que realmente significa. ¿Podrías definir qué es?.

Para definir este término algunos optaron por ponerse el “delantal” e introducirse en la cocina intercultural. A mí me parece muy interesante este ejemplo así que lo voy a citar. ¿Qué queremos hacer con todos estos nuevos ingredientes, con todos estos sabores nuevos, incluso exóticos? Como explica Fidel Molina, catedrático de sociología en la Universidad de Lleida, encontramos tres modelos ante la diversidad cultural:

– Podemos optar por coger lo más vistoso de cada cultura y trocearlo para hacer una buena sopa juliana en la que permanecen intactos los distintos componentes, vendría a ser algo así como: “juntos, pero no revueltos” (multiculturalidad).

– Hacer un puré que oculte el contenido dejando claro el principal sabor de la cultura “dominante” (asimilación).

– Atrevernos con una buena fondue: potenciando el sabor de cada ingrediente (interculturalidad).

Pero también hay que tener en cuenta algunos otros ingredientes:

El respeto es la premisa básica para vivir en sociedad, y más si ésta es plural. Que no compartamos o comprendamos algo: una idea, una vestimenta, una costumbre… no nos autoriza a despreciarla.
Situarse en el lugar del otro. Para comprender a una persona, todos sabemos que hay que situarnos en su realidad, lo mismo tenemos que hacer cuando queremos comprender una cultura: conocer sobre su historia, los avatares de sus gentes, los principios que la sustentan, cómo son sus tierras, sus recursos… nos ayudará a comprenderla y a situarla en su momento actual.
Y sólo con todos estos ingredientes podremos tener un buen plato final cuya presentación en la carta podría ser:

NO SE TRATA DE SER IGUALES SINO DE TENER IGUAL DERECHO A SER DIFERENTES.

  • La Interculturalidad, por tanto, es algo más amplio, profundo y transformador que la coexistencia de varias culturas en un punto geográfico o en un momento de la historia. Supone un encuentro en integral y equitativo. En este encuentro, ¿qué cambios más significativos señalarías en los últimos 10 años?.

Más allá de datos y estadísticas globales puedo transmitir la realidad concreta de mi colegio y barrio.

Cuando empecé a trabajar y vivir en el Casco Histórico (estamos hablando de los años 90) la mayoría de las personas que venían procedían de África y de algunos países de Latinoamérica sobre todo buscando una situación económica mejor y un futuro más estable para sus familias.

Desde hace tres o cuatro años se han diversificado los países de procedencia así como las causas de salida de los mismos, y a las situaciones anteriores se han añadido

experiencias de huida por persecución política, o por la violencia ante los conflictos armados… Venezuela, Egipto, Nicaragua son países que ahora se señalan en nuestros mapas de aula. La guerra en Siria, los refugiados son ahora realidades que ocupan sillas en nuestras clases y casas en nuestro barrio.

  • Ciertamente, la Interculturalidad es un proceso con diferentes etapas, ¿Crees que se dan las condiciones tanto en Europa como en España para que este proceso avance y se consolide?

Las políticas públicas en nuestra ciudad mantiene una sensibilidad especial hacia esta realidad, pero son una aportación muy pequeña en relación al resto de las políticas españolas y europeas. Estamos sufriendo un retroceso vinculado al miedo, al desconocimiento… Como diría Adela Cortina, la aporofobia, el rechazo al pobre, marca actuaciones deshumanizadoras que cierran fronteras, crean muros. Nuestra Europa que nace con una intención compasiva, y humanitaria, se centra hoy en la economía y deja de mirar a la persona. Podríamos pensar que la aldea global, la casa común, sólo pertenece a aquellos que más recursos poseen, cuando estamos llamados a una hospitalidad cosmopolita (de nuevo citando a Adela Cortina).

  • Entrando más en tu experiencia personal. ¿Qué ha supuesto para ti el encuentro con otras culturas? ¿Dónde y cómo has tenido la oportunidad de vivir esta experiencia?

Una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida ha sido poder compartirla con personas de otras culturas, religiones y formas de vida.

La interculturalidad es una realidad que me atraviesa, que está presente en todas las facetas de mi vida, en el barrio donde vivo, en el centro escolar donde trabajo y en mi propia familia.

Para mí es una riqueza a la vez que un desafío, es un valor que te desinstala, te interpela y te hace sentir que solamente en la diversidad y la convivencia podemos encontrar el sentido de nuestras vidas.

Descubrir niños y niñas compartiendo juego entre rumbas, cantos evangélicos y pasajes del Corán; adolescentes con pañuelo que comparten entre risas nerviosas los primeros escarceos amorosos con las compañeras de pelo descubierto…

Ellos y ellas se sienten iguales, son compañeros y compañeras, comparten vida: exámenes, recreo, charlas en la esquina antes de volver a casa; el lenguaje del juego les ha ido mezclando de manera mágica y, sin darse cuenta, sin miedos, sin ignorancia, con la inteligencia que nace de las emociones, crecen juntos.

Algunos, se hacen amigos, otros se despiden ante decisiones que les separan, como siempre ha pasado, de la misma forma que les ocurrió a nuestros padres, a nuestros abuelos… Algunos amigos de la infancia crecen junto a nosotros, otros se quedan para siempre pequeños, guardados en los recuerdos infantiles. Y la interculturalidad deja de ser un manual, y se hace vida.

Se trata de dejar los prejuicios a un lado y normalizar una relación de padres/madres, vecinos e individuos que conviven en la misma sociedad, ya que todos compartimos los mismos espacios y el mismo deseo de bienestar para nuestros hijos.

  • ¿Qué retos nos plantea la Interculturalidad a nuestra sociedad, a nivel social, político, económico…?

La interculturalidad unida a todo el movimiento feminista (mas allá de la moda) es hacia donde debemos caminar, las grandes propuestas protagonizadas por mujeres diversas son la llave para convertir nuestra sociedad en comunidades que tejen cuidados, que denuncian situaciones de desigualdad que cambian estructuras de poder y que dan voz a todas aquellas que manteniendo su raíz, su racialidad, se hermanan por una causa común.

  • Y como vicencianos, como laicos y como misioneros, ¿cuál es el desafío al que crees que debemos dar respuesta en este momento?

Nuestro mayor desafío es estar dispuestos a que la interculturalidad, es decir la diversidad en todas sus facetas sea una realidad en la Iglesia. Que no cerremos nuestras vidas y nuestras casas a quien de una forma u otra nos interpela, nos completa y nos hace mejores personas.

Que nuestras comunidades cristianas sean cada vez más libres para aceptar la diferencia y empujar cualquier iniciativa que se proponga en esa dirección.

  • Por último Mari Carmen, te planteamos un reto para finalizar esta entrevista de forma distinta. Podrías completar estas frases:

Me gustaría que mis hijos… mantuvieran el «corazón mestizo», que siempre tengan presente que lo diferente, no es una amenaza, que para poder vivir hay que convivir.

Sueño con un barrio…. donde seamos capaces de respetarnos, de sentirnos queridas y donde cada persona se sienta en «su casa».

Cuando me jubile desearía que mi colegio… no fuera una excepción, que la inclusión y la diversidad estuvieran presentes en todos los centros educativos por igual.

Espero que la Iglesia… sea cada vez más Evangelio, Buena Noticia y palabra acogedora para todos y menos muro, estructura y exclusión.

Me encantaría que Misevi… se haga presente allí donde las personas necesiten ser acogidas, acompañadas y respetadas en sus diferencias. Que todas nuestras energías y esfuerzos se centren en construir puentes, crear lazos y seguir soñando con la casa común.

Me gustaría despedirme dando las gracias a todas las personas que durante esta entrevista he tenido en el pensamiento y sobre todo en le corazón, a todas las que me han ayudado a vivir en la confianza y el cariño.

Sus vidas están y estarán para siempre entremezcladas con la mía.

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