Este verano he vuelto a tener la oportunidad de participar en el encuentro de la Yada, organizado por la red Miriam de espiritualidad ignaciana femenina.
Yada significa conocer por la experiencia partir de encuentros de Jesús con las mujeres y descubrir la transformación de sus vidas, conocer a tantas mujeres que a lo largo de la historia han vivido una espiritualidad femenina y sobre todo que estas experiencias atraviesen nuestras vidas celebrando la sororidad y la alegría del encuentro.
Alguien dijo que hoy es un regalo y por eso se llama presente. Así he vivido yo esta experiencia y de esta forma quiero agradecerla.
Con cinco acciones que han estado presentes y me han ayudado a crecer:
SANAR. “Las hojas no se caen, se sueltan”; soltar sabiendo que las hojas sueltas forman un manto que vuelve a dar vida y de él brotará algo nuevo. Curar las propias heridas, aprender a ser bálsamo para las heridas de las otras, mediadoras y cauces de sanación, constructoras de nuevas Vidas.
ACUERPAR. Mi cuerpo es hueco para otras, y otras tienen un hueco para mí. Pasar por el cuerpo lo vivido, conectar con la naturaleza, aprender y observar cómo nuestro cuerpo habla. Disfrutar de una mirada, de una “presencia” y una ternura que invade todo nuestro ser.
ESPERANZAR. Animar, alentar, empujar, crear lugares, “espacios seguros” donde se pueda vivir en paz, se pueda ser feliz, se pueda vivir con dignidad. Nada ni nadie podrá quitarnos la esperanza.
Porque hay razones para la esperanza, sendas de fraternidad y justicia. Hay que convertirse al diálogo evangélico, que no impone sino que propone, que invita a compartir el agua de la Vida y alienta a la mesa común. Lo que importa no es a quién das de comer sino con quién comes.
CELEBRAR la Vida acompañando procesos de cuidado, encuentros, eucaristías subversivas donde todo sea igualdad. Celebrar el amor incondicional, el perdón como proceso y la alegría de un abrazo.
PERMANECER. Ser fiel, estar. En medio de los acontecimientos más difíciles de nuestra historia y de nuestro mundo surge la Vida, se abre paso la ternura.
Gracias por esta oportunidad única, por el cuidado, el respeto y la alegría.
Gracias por la PRESENCIA serena y consciente.
Esta Yada 2025 nos vincula y anima. Ha sido presencia de Dios padre/madre, todo amoroso.
Mari Carmen Saz.


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