Como viene siendo habitual todos los principios de verano, del 1 al 4 de julio se ha celebrado en Burgos la 77ª Semana Española de Misionología. Y MISEVI Burgos también se ha hecho presente.
Esta cita anual se ha convertido en obligatoria para muchas de las personas que trabajamos en la animación misionera, así como para misioneros y misioneras que se encuentran descansando de su labor en distintos lugares de misión, o que por alguna otra razón hayan tenido que retornar a su tierra.
No es solo un evento formativo de calidad, sino también un punto de encuentro donde compartir experiencias, actualizar algunas vidas, celebrarlas en unión y, por qué no, recuperar fuerzas e ilusión para seguir con nuestra misión allá donde nos encontremos.
El lema elegido para este año ha sido Misioneros de la Esperanza. Y ha sido sobre la esperanza, elegida también para la reflexión y vivencia en este año jubilar, sobre lo que hemos profundizado en los distintos momentos de esta semana.
Como punto de partida, la lección inaugural nos planteaba dónde fundamentar nuestra esperanza; y en las siguientes ponencias a lo largo de los días hemos encontrado distintos testigos de esperanza en la Biblia, abandono y esperanza en el siglo XXI, o cómo compartir la esperanza en la comunidad cristiana. El cierre lo pusieron dos ponencias sobre «Tropezar cada día con la esperanza y contarla» y «La misión como fuente de esperanza para la Iglesia«.
Una mención especial tuvo el espacio para los jóvenes como signo de esperanza, donde Pablo Sanchez Bergasa, Premio Princesa de Girona Social 2025, nos compartió su proyecto para conseguir fabricar incubadoras a bajo coste y trasladarlas a los países donde se necesiten, al mismo tiempo que nos relataba cómo su fe ha ido creciendo y desarrollándose en su intento por dar respuesta a esta labor que él considera su misión aquí y su forma de colaborar en hacer presente el Reino.
Las mesas redondas, donde se comparten experiencias, nos han dado una variada visión de cómo se trabaja desde distintas realidades para tratar de ser y vivir la esperanza en distintos lugares. Hemos conocido de primera mano un testimonio de vida en la guerra del Congo, también la experiencia de superación del cáncer día a día o el trabajo y convivencia con mujeres inmigrantes subsaharianas en Tánger. Todo un ejemplo de cómo contagiar esperanza en ambientes y momentos en los que puede ganarte el desaliento.
En la mesa redonda del segundo día hablamos del hacer y construir comunitario, y desde Ecuador nos trajeron un duro testimonio de las cárceles y con los pandilleros, en el proceso de hacer que todas las vidas tengan dignidad. También hubo una novedosa experiencia de acogida a inmigrantes que implica a toda la comunidad parroquial en Burgos y, desde el mundo digital, el trabajo de hacer realidad poder compartir la esperanza a través de las redes.
Con celebraciones muy participadas y espacios lúdicos y de compartir, así como de conocer turísticamente el lugar que nos acoge, hemos podido redondear un tiempo de encuentro que ha servido para recordarnos que la esperanza no consiste en “que todo me salga bien”, sino en la certeza de que las cosas tienen sentido, independientemente de cómo resulten, porque nos sabemos en las manos de un Dios que cuida de todas sus criaturas con amor.
Y con esta convicción hemos partido, de vuelta, cada a uno al lugar donde realiza su tarea, para continuar allí, siendo misioneros de esperanza.



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