Recibí el ciento por uno

Hace ya una semana que aterrizamos en Madrid y aún resuenan en mis oídos y en mi corazón las palabras y las canciones miskitas. Aprovecho esta oportunidad que me ofrece MISEVI, asociación a la que pertenezco, para poder compartir con vosotros mi experiencia misionera en Honduras durante este mes de agosto  de 2025.

Como sabréis, los Padres Paúles están de aniversario y celebran 400 años de su fundación. Con este motivo, la Provincia de San Vicente – España, a través del EMVE, ha organizado una misión en las comunidades a las que sirven en Honduras: San Pedro Sula, Tegucigalpa y La Moskitia.

Honduras 2025 - Luis en las aldeasHa sido un mes lleno de experiencias y recuerdos. Recuerdos, pues hace 30 años tuve la oportunidad de estar en San Pedro Sula y las aldeas de El Merendón. He tenido la oportunidad de comprobar cómo esas comunidades han ido creciendo y cómo la Parroquia de San Vicente se esfuerza cada día por mejorar la vida de sus habitantes. Esto fue durante la primera semana, en la que compartimos experiencias, reflexiones y evaluación con el resto de misioneros: sacerdotes y laicos.

Este primer momento nos sirvió para descubrir la gran labor que padres Paúles y laicos están realizando en la parroquia de San Vicente y sus colonias. Abarcando casi todas las realidades de pobreza y desigualdad que pueden producirse, se hacen presentes con un servicio y entrega totales.

Esta fue nuestra primera escala.

Nuestro destino último era La Moskitia y, concretamente, la parroquia de Santa Cruz, cuya sede está en Barra Patuca. Fueron casi 30 horas de viaje. Cierto que hubo algunos contratiempos, pero esto también nos hace reflexionar acerca del el estado de abandono en que se encuentra esta región de Honduras. Fueron horas de carretera, de caminos sin asfaltar y de navegación por el río. Tiempo para compartir ilusiones, nervios, esperanzas y algunas incertidumbres: “llévame donde los hombres…”. Y tanto que nos llevó.

Llegamos de noche y lloviendo, lo que no impidió que fuésemos recibidos con cantos y bailes en Patuca. Sentirse recibido, acogido y abrazado tras un viaje así, hizo que el corazón comenzase a ensancharse. Allí comencé a darme cuenta de que el idioma local –el miskito- no sería un inconveniente.

Tras unos días de organización, preparación y conocimiento de la realidad de la zona, nos pusimos en marcha. Aún no habíamos llegado a nuestro destino, pues el P. José Luis Castillo y yo salimos de gira para acompañar a las comunidades de Ahuás, Papatalaya, Waxma y Wawina, hasta llegara Wampursirpi. En Patuca quedaban Juan, sacerdote diocesano, y Dani Malmierca, también miembro de MISEVI.

Para llegar a estas comunidades teníamos que acceder en pipante, un tipo de barca de transporte por río. Fueron Benson y Danson, nuestros motoristas, los que con su habilidad y profesionalidad nos llevaron a destino y nos ayudaron a situarnos en la realidad de cada comunidad. También nos acompañó una catequista de Patuca.

Pasamos tres días en cada comunidad. Tres días donde descubrimos lo difícil y lo apasionante que es vivir la fe rodeados de otros grupos cristianos evangélicos. La grandiosidad de lo pequeño que se fue reflejando en pequeños detalles: miradas de complicidad, sonrisas sinceras, abrazos de cariño y pocas palabras, pero salidas del corazón. Vivimos la itinerancia del misionero, dispuesto siempre a hacer la maleta y ponerse en camino.

Me he sentido querido, cuidado, acompañado, amado y, por tanto, evangelizado. No concibo un Evangelio que no se haga carne en cada detalle. Y puedo aseguraros que hubo muchos y muy especiales. Momentos tristes y alegres, de mucha ternura y mucha presencia de un Dios vivo que nos quiere. Contrastes, pobreza en los medios y riqueza en emociones.

A pesar de las condiciones en las que tuvimos que dormir y asearnos; sin tener en cuenta muchas veces las dificultades de comunicación y dejando a un lado los tiempos muertos que tuvimos que aprender a comprender que también es parte de la misión, puedo decir que he aprendido a esperar, a no adelantarme. He descubierto la importancia de cada gesto, de cada sonrisa, de cada esfuerzo por comunicarse, también con el corazón.

Honduras 2025 - CaminantesDespués de este verano sigo creyendo que se puede vivir desde Dios. Que merece la pena vivir la vida de Jesús de Nazaret; que cada día es un canto de acción de gracias al Señor y que no necesito tantas cosas ni tantos agobios, que mi razón de vivir está en servir a mis hermanos.

Buena noticia y caridad”: así reza el lema de este 400 aniversario de la Congregación de la Misión. Imposibles de separar cuando cada pequeño gesto de amor se convierte en una buena noticia y cada palabra del Evangelio se hace realidad en los hombres, mujeres, niños y jóvenes que se han acercado a nosotros en estos días.

Tatuadas quedan en el corazón estas palabras, porque ahora es cuando empieza la verdadera misión: llevar a los hombres la Palabra y las ganas de vivir que compartimos en La Moskitia durante este verano.

Tú también te sentirás misionero cuando hagas del Evangelio el sentido de tu vida y lo vayas transformando en obras de amor en el lugar donde te ha tocado vivir. ¡Que la rutina no venza nunca a la novedad!

Termino agradeciendo a todos aquellos que han permitido llevar a buen fin esta experiencia. Primero a Dios, que se sirve de mensajeros y mediadores para invitarnos a compartir vida y fe. Por supuesto, a los Padres Paúles, en especial a la comunidad de Patuca, que cuentan siempre con nosotros para la misión de evangelizar. Gracias a mi familia por su generosidad, sin ellos hubiera sido imposible hacer realidad este proyecto. Y, cómo no, a todos los que han orado y nos han tenido presentes durante todo este mes de agosto, en especial a mi grupo de MISEVI.

Primero, Dios. Volveremos a encontrarte, Señor, allí donde nos envíes.

Luis Ángel Valdivielso Díaz
MISEVI Sevilla