Nuestro pozo interior

Te cuento que hemos disfrutado mucho en el jardín de la casa de retiro Marie Poussepin. Disfrutar del jardín nos ha permitido ver las maravillas de la naturaleza, del trabajo en equipo, de la labor desarrollada en el SIGAMOS. Ha sido un día especial, en un lugar lleno de belleza y simbolismo.

Hemos desarrollado nuestro propio jardín construyendo con recortes, reflexiones y aportaciones de manera que hemos evaluado, agradecido, propuesto y animado a seguir en este bello y agotador trabajo de la atención socioeducativa a niñas, niños y adolescentes con necesidades especiales y el acompañamiento a sus familias, centros educativos, autoridades civiles, etc. para lograr su inclusión y visibilidad.

En el centro del jardín nos ha acompañado un magnífico pozo que nos ha permitido reflexionar sobre el agua: La esencia de nuestro ser.

Manualidad en SIGAMOS: El pozo

El agua, la esencia de nuestro ser, nuestra vocación, esa pasión inicial que nos trajo hasta aquí. Es la empatía, la paciencia, la creatividad, la confianza, el compromiso… Es lo que realmente nutre y transforma.

¿Cómo es el agua de nuestro pozo interior? ¿Es cristalina, abundante y refrescante, nutriendo cada intervención que realizamos? ¿O se ha vuelto turbia, escasa, contaminada por la rutina, el desánimo o la frustración?

Este pozo nos ha llevado a una profunda reflexión. Como las mujeres sabias que cuidaban los pozos de las comunidades, nos hemos detenido a evaluar cada una de las partes de nuestro «pozo» profesional como educadoras, administrativas, trabajadoras sociales, psicólogas, coordinadora…

Hemos descendido hasta el fondo de nuestro propio pozo interior. Con valentía, hemos buscado esos puntos débiles o «tóxicos» que quizás estén enturbiando nuestra agua: el cansancio, la falta de reconocimiento, la desmotivación, o incluso la rutina…

No tenemos miedo de remover el fondo, de identificar qué ha podido contaminar nuestra esencia. Porque solo al reconocer y sanar esas grietas, al limpiar el agua, podremos volver a conectar con el origen de nuestra vocación, con esa energía que nos impulsó a trabajar con la infancia y las familias.

Un pozo sano y bien cuidado no solo proporciona agua limpia, sino que también es un lugar de encuentro, de calma y de renovación. Nosotras somos guardianas de pozos, y nuestra propia vitalidad es el secreto para que el agua siga fluyendo.

Gracias equipo del SIGAMOS, vosotras y estas familias, las niñas, niños y adolescentes que acompañáis son las bellísimas flores que adornan nuestro jardín.

Idoia Makazaga.