Un 8 de marzo desde Bolivia

Un 8 de marzo desde Bolivia

Germán Sánchez, misionero de Misevi con destino en Bolivia, director del Centro de Atención para la Mujer (CAM) de Sacaba, comparte un artículo con nosotros hoy, día 8 de marzo:

Día Internacional de la Mujer.

La historia más extendida sobre la conmemoración del 8 de marzo hace referencia a los hechos que sucedieron en el año 1908, donde murieron calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en un incendio provocado por las bombas incendiarías que les lanzaron ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían. También se reconoce como antecedente a las manifestaciones protagonizadas por obreras textiles el 8 de marzo de 1957, también en Nueva York.

El 8 de marzo también significa hoy la lucha por los derechos humanos de miles de mujeres que viven en situación de violencia, lo que les sitúa en el más absoluto sometimiento y exclusión social. La situación de violencia contra la mujer que se vive a nivel mundial y, en nuestro caso particular de Bolivia, hace pongamos la mirada en lo que hoy supone uno de los mayores problemas socio familiares de nuestro tiempo, que vive la mujer en primera persona y sus hijos e hijas, identificados también en muchos lugares como víctimas de violencia intrafamiliar.

Como Misioneros Laicos Vicentinos vivimos esto en primera persona, a través del Centro de Atención a la Mujer en Cochabamba, Bolivia, donde acogemos y acompañamos la vida de mujeres y sus hijos e hijas menores que han sufrido situaciones de violencia intrafamiliar especialmente. Una palabra que resume la presencia de más de 700 mujeres y niños y niñas en la casa de acogida del CAM desde el 2011 es LUCHA. Y esta lucha no es sólo a nivel de denuncia contra su agresor. Cuando ingresan en la casa la lucha comienza en sí mismas, situándose en el contexto de sus vidas y cómo esta sociedad ha ido construyendo unos roles que van más allá de ser hombre o mujer, sino que definen incluso los derechos a los que se tienen acceso. Ser mujer socio familiarmente hablando significa aún hoy en día en Bolivia y en muchas partes del mundo asumir un rol de grado inferior en el hogar, ver disminuido el acceso a una fuente laboral y si ésta se da, ver cómo la remuneración es menor a la que sería para un hombre. Esto sucede aun cuando la mujer es quien asume la mayor responsabilidad del hogar, el cuidado y educación de los hijos e hijas,…

Pero la violencia contra la mujer sucede antes de lo que pensamos. En el ambiente adolescente las mujeres sufren la presión de los jóvenes para tener relaciones sexuales aún antes de plantear un proyecto de vida juntos. Tanto es así que en el año 2015 se registraron sólo en Cochabamba el nacimiento de casi 13.000 bebés de madres adolescentes, las cuales dieron a luz y asumieron su maternidad con el abandono añadido de sus parejas.

Aun cuando, en el caso de Bolivia, tenemos un respaldo legal sumamente punitivo con los actos de violencia contra la mujer (Ley 348 de marzo de 2013), las denuncias que culminan su proceso legal con sentencia final son muy escasas, casi nulas. La mayoría de las mujeres abandonan sus proceso de denuncia por el costo que supone (a pesar de la gratuidad que expresa la ley sobre estos procesos legales), por el complejo proceso de audiencias (que impide a la mujer tener un trabajo estable) y en ocasiones por irregularidades en los procesos legales que sumen a la mujer en el desánimo de continuar.

Los niños y niñas, víctimas también de esta violencia, quedan al cuidado de su madre, en el marco de una situación de pobreza extrema que afecta a la mujer, especialmente aquellas que carecen de respaldo alguno.

Volvemos a la LUCHA, al esfuerzo, a la esperanza, al testimonio de cientos de mujeres que han llegado a la casa de acogida en una situación extrema de desamparo y pobreza y que poco a poco han ido construyendo sus vidas y la de sus hijos e hijas. Ellas son auténticas heroínas porque, después de haber sobrevivido a situaciones extremas de violencia y haber reconstruido una vida que desde niñas las han condenado a carecer de un proyecto de vida, se han revelado ante su propio destino y han luchado por decidir por sí mismas y buscar el camino del descubrirse de nuevo como mujeres, gozar de la oportunidad básica de decidir qué hacer con sus vidas y reconstruir su hogar, la vida de sus hijos e hijas especialmente.

El día internacional de la mujer debería de ser únicamente un signo para resaltar el gran aporte de la mujer a ésta nuestra sociedad, especialmente en la lucha por la igualdad laboral. Por desgracia este día se ha convertido también en la lucha por los derechos humanos de miles de mujeres que viven en estado de esclavitud, de sometimiento, de exclusión.”

Germán Sánchez

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