Entrevista a Ángela Chicharro: DOMUND 2016

Entrevista a Ángela Chicharro: DOMUND 2016

DOMUND 2016 / Entrevista a Ángela Chicharro, Misionera de Puertollano en Bolivia. 

“Si se tiene el oído y el corazón atento, se aprende mucho de quienes estás ayudando”

Hoy se celebra el Domund 2016, la jornada mundial en el que la Iglesia aprovecha para pedir donativos a los ciudadanos que se destinan íntegramente a un Fondo Universal de Solidaridad que lo distribuye entre las misiones. Pero para conocer la importancia del trabajo que los misioneros realizan día a día, nada mejor que conocer la visión de uno de ellos, en este caso de la joven puertollanera Ángela Chicharro que, a veinte días de dar a luz a su hija África, sigue trabajando -a través de la asociación Misioneros Seglares Vicencianos (MISEVI)- en un proyecto en Bolivia, concretamente en el programa Imaynalla Kasanki, que atiende a menores en situación de riesgo social, realizando un acompañamiento escolar y familiar. Ángela, que lleva en misiones desde 2004 y ha tenido varios destinos en Bolivia y Mozambique, transmite vitalidad, optimismo e ilusión.

Mercedes Camacho / Lanza Digital 23-10-16

 

PREGUNTA: Ángela, ¿cómo descubrió su vocación y, sobre todo, cuándo y por qué decide abandonarlo todo en Puertollano para convertirte en misionera?

RESPUESTA: Siempre digo que descubrí mi vocación misionera, en parte, gracias al ejemplo de mis padres, no porque ellos fuesen misioneros -no al menos fuera Puertollano-, pero sí nos inculcaron, a mi hermana y a mi, muchos valores de respeto y preocupación por los demás y nos enseñaron a compartir y ser generosos con los que más necesitan.
Después tuve la gran suerte de ir al Colegio Mª Inmaculada de las Hijas de la Caridad, donde participaba en los grupos de JMV y ahí poco a poco fue creciendo una gran inquietud misionera, hasta que en el 2004 me atreví a tener una primera experiencia por dos meses y en ello sigo hasta la fecha.

 

P: ¿Qué recuerda de su primera llegada a una misión? ¿Qué fue lo que más le impactó?

R: Sé que es muy repetido, pero lo que más me sorprendió fue la acogida de las personas, su cariño y paciencia para acercarnos a su realidad. También las situaciones humanas tan difíciles que viven muchas personas; y por último, su fe y confianza en Dios sobre todo en las circunstancias más adversas.

 

P: ¿Y qué ha descubierto durante su etapa como misionera?

R: En la vida misionera uno crece cada día, sobre todo en el compartir con los demás, escuchando o acompañando la vida de muchas personas. Si se tiene el oído y corazón atento, se reciben muchas enseñanzas de vida de aquellos a los que uno supuestamente está ayudando.
Además, desde el primer envío, se inició un aprendizaje que sigue durando hasta hoy: descubrir otras culturas, otras maneras de entender el mundo, otros modos de vivir… Y aprender de todo ello e integrarlo para enriquecer así la propia vida.

 

P: ¿Qué le ha hecho más feliz?

R: Uff, un poco difícil, son muchos momentos de felicidad, la mayoría vividos en los pequeños detalles de la vida diaria. Podría mencionar el poder ser testigo de la mejora de vida de muchas personas, ver cómo un niño con discapacidad después de varios años logra caminar o ver cómo una niña de una familia de muy bajos recursos logra estudiar una profesión.
En un plano más íntimo, la vida misionera me regaló conocer al que hoy es mi marido, Juanlu, y construir juntos una familia, que sigue creciendo con el próximo nacimiento de nuestra hija.

 

P: ¿Qué debe llevar una misionera en su mochila siempre?

R: Pues se debe llevar una actitud constante de aprender todo lo que los demás y las otras culturas tienen para ofrecerte; una actitud de escucha de lo que se dice y lo que no se dice; una actitud de respeto a los tiempos de los demás; una actitud de esperanza aunque las cosas no siempre “pinten bien”; muchas ganas de compartir lo que uno es… Y claro, mucha fe y confianza en Dios.

 

P: Evidentemente, habrá conocido mil situaciones difíciles que aquí en Ciudad Real son casi imposibles de imaginar. ¿Cuál ha sido la que más le ha impresionado?

R: Lo que más me sigue costando, a pesar del tiempo, es ver cómo muchas personas viven situaciones muy complicadas por falta de recursos o por falta de compromiso de organismos e instituciones o a veces de las propias familias. Recuerdo como un niño con discapacidad falleció por dejadez de la familia o como una niña no recibió la atención de un especialista después de una semana en el hospital porque nadie llamó al médico. Son situaciones que van más allá de la pobreza económica y hablan de lo insensibles que podemos llegar a ser ante las necesidades de los demás.

 

P: Ha estado en Latinoamérica –Bolivia- y África –Mozambique-, ¿dónde ha sido más complicado?

R: Bolivia y Mozambique son muy distintos culturalmente y en su realidad social. Cada lugar tiene su riqueza y su dificultad, lo cierto es que no podría decir dónde ha sido más complicado. Sí rescato que cuando hay dificultades son más llevaderas gracias a la vida que compartimos en la comunidad de misioneros.

 

P: Hábleme de los proyectos en los que ha trabajado, especialmente del que está inmersa ahora mismo.

R: En estos años he acompañado a niños menores de 6 años en guarderías y niños con discapacidad. En la Pastoral Social Cáritas de la Parroquia actualmente se atiende a niños con desnutrición, niños con discapacidad, niños en situación de riesgo social, personas mayores, privados de libertad, mujeres que han sido víctimas de violencia, enfermos…
Mi persona está apoyando el Programa Imaynalla Kasanki que es un proyecto socioeducativo de atención a niños en situación de riesgo social, ya que muchos viven en sus hogares situaciones de violencia, delincuencia, alcoholismo, abusos, abandono… A través del apoyo escolar se realiza todo un acompañamiento a nivel familiar y escolar con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los menores que atendemos.
Es un programa que realmente incide en la vida de los niños que se atienden y les ayuda a ver y construir nuevos horizontes para su propia vida.

 

P: Por último, ¿qué consejo le daría a quien se plantee marcharse a ayudar en otros países?

R: Que se atrevan y pierdan el miedo. No hace falta tener grandes capacidades personales, con tener la voluntad de compartir lo que uno es desde el respeto, es suficiente.
Muchas personas nos dicen “Yo siempre quise hacer lo que tú haces, pero…” Y en ese pero hay muchas personas que han perdido una gran oportunidad en sus vidas. No todo el mundo quiere, ni puede, dedicar algunos años de su vida a colaborar en otros países, pero si se pueden tener experiencias más cortitas que realmente, si se viene con una predisposición de dejarse tocar un poco la vida y el corazón, pueden ser increíblemente enriquecedoras

Lanza Digital

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